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El silencioso rol del reino Fungi en el bosque…
Cercano a Concepción está el Parque Coyanmahuida, que recientemente reabrió sus puertas luego del paso del mega incendio de 2017 que arrasó con gran parte de su flora. Ahora, un grupo de científicos se han encargado de caracterizar a múltiples especies de hongos que habitan entre la vegetación viva y muerta del sector.
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En las laderas del Parque Coyanmahuida, la tierra negra y quemada por el incendio forestal de 2017 es hoy el sustrato fértil de un inesperado protagonista: los hongos. Tras el desastre ambiental que consumió 460 mil hectáreas de bosque nativo y plantaciones en el sur del país, la micología ha revelado un fenómeno fascinante: la explosión de diversidad fúngica como respuesta a la devastación.
El incendio arrasó cerca del 80% de la vegetación de parque en cuestión. Afectó a especies endémicas del bosque esclerófilo y alteró profundamente el ecosistema. Sin embargo, lo que parecía una pérdida total escondía una oportunidad biológica única.
El Coyanmahuida, que en mapudungun significa Bosque de Robles, se ubica a 38 kilómetros al este de la ciudad de Concepción y a 5 kilómetros al oeste de la localidad de Florida. Tiene una extensión de 76 hectáreas y hoy forma parte de la estrategia de conservación de biodiversidad de la empresa Arauco.
Es la mayor superficie continua de unas de las últimas áreas con bosque nativo propio de la zona. Por este motivo se le conoce como el “último relicto de bosque nativo de la zona”.
La disposición geográfica y su alta densidad de árboles nativos hace que la humedad allí sea diferente. También tiene flujos de agua, lo que hace que baje la temperatura en comparación con su entorno. Entre otras cosas, cuenta con árboles que tienen más de 400 años.
Allí confluyen copihues, helechos, musgos, líquenes, e incluso lianas que abrazan a los robles patagónicos, boldos, coligües o naranjillos. También, en ese lugar habitan aves y mamíferos como el pudú. Pero los silenciosos protagonistas de este parque respiran el aire húmedo, la neblina, y se alimentan de los nutrientes de la tierra, las raíces y de la vegetación caída.
La presencia de una inmensa variedad de hongos en el parque representa para Ramón Ahumada un sistema de protección intrínseca, una mutualidad de asistencia natural. Junto con Julio Becerra y Vanessa Novoa, del Laboratorio de Química Aplicada y Sustentable de la Universidad del Bío-Bío, se han encargado de recorrer el parque de extremo a extremo para clasificar y caracterizar cada una de las especies del reino Fungi que habita en el lugar.





